El keynesianismo

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El keynesianismo es una ideología económica derivada de las ideas del británico John Maynard Keynes, uno de los mayores pensadores del siglo XX, cuyas ideas contribuyeron a crear el mundo económico moderno y siguen aplicándose en nuestros días.

Síntesis

La idea central es que la política fiscal (los impuestos y el gasto público) debe usarse como una herramienta para controlar la economía.

En ese sentido, el uso de los gastos e ingresos públicos como herramienta anticíclica propone aumentar el gasto público y/o reducir los impuestos cuando el ciclo económico ingresa en una fase recesiva, y disminuir los gastos y/o aumentar los impuestos cuando la economía está en una fase de auge, es decir, de crecimiento vigoroso.

Origen

La obra maestra de Keynes, La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936), fue una respuesta directa a la Gran Depresión. En ella sostuvo que los gobiernos tenían un deber, uno que hasta entonces habían soslayado: ayudar a mantener la economía a flote en tiempos de crisis.

Asimismo, refutó la idea, expuesta por el francés Jean-Baptiste Say, de que en una economía considerada en su conjunto «la oferta crea su propia demanda», esto es, que la simple producción de bienes de consumo ocasiona la demanda de éstos.

El keynesianismo

Los seis principios fundamentales


Según el ex consejero presidencial Alan Blinder, el keynesianismo se sostiene en seis principios básicos:

  1. Los keynesianos creen que en el funcionamiento de una economía influyen tanto las decisiones públicas como las privadas y que en ocasiones se comporta de forma errática.
  2. El corto plazo importa (y algunas veces incluso más que el largo plazo). Un aumento del desempleo a corto plazo puede causar todavía más daño a largo plazo pues es posible que ocasione un deterioro permanente a la economía de un país. Como dice una famosa frase del propio Keynes: «A largo plazo, todos muertos».
  3. Los precios y los salarios responden con lentitud a los cambios en la oferta y la demanda, lo que a su vez implica que el desempleo con frecuencia es más alto o más bajo de lo que debería ser de acuerdo a la fortaleza de la economía.
  4. El desempleo es a menudo demasiado alto y volátil, mientras que las recesiones y las depresiones son enfermedades económicas (y no, como sostendría la teoría de la mano invisible, respuestas eficaces del mercado a oportunidades poco atractivas).
  5. El ciclo natural de auge y crisis de la economía es un problema que los gobiernos deben intentar equilibrar de forma activa.
  6. Los keynesianos tienden a preocuparse más por combatir el desempleo que por controlar la inflación.

Keynes en la historia

La crisis del 29

La gran depresión

En 1933 el gobierno de Estados Unidos puso en marcha un plan económico conocido como New Deal (Nuevo Trato) que implicó una fuerte intervención del Estado que incluyó un importante plan de obras públicas, tendiente a aumentar la demanda agregada.

A partir de ese momento hubo una fuerte reversión del ciclo, logrando en 1936 un nivel de producción similar al que había en 1929.

El Estado de Bienestar

Durante un tiempo considerable esto pareció funcionar, con la inflación y el desempleo en niveles relativamente bajos y una fuerte expansión económica, desde la crisis del 30 hasta la década del 70.

Este período fue conocido con el nombre del Estado de Bienestar.

La Crisis del Petróleo

A lo largo del año 1975, el crecimiento del PIB fue negativo en Estados Unidos (-0.7%), Gran Bretaña (-1.6%) y Alemania (-1.6%); los únicos países que crecieron lo hicieron en cantidades prácticamente inapreciables y, en ocasiones, por no haberse enfrentado todavía a la crisis.

La crisis del Petróleo

La recesión quedó confirmada como un fenómeno inevitable y se combinó con una elevada inflación, en comparación con lo que había sido habitual hasta el momento.

Luego de esta crisis, las políticas keynesianas se convirtieron en blanco de las críticas, en particular por parte de los monetaristas.

Uno de sus principales argumentos era que los gobiernos no pueden «poner a punto» una economía ajustando con regularidad las políticas fiscales y monetarias para mantener un alto nivel de empleo.

Sencillamente existe un desfase demasiado largo entre el momento en que se advierte la necesidad de una política de este tipo (un recorte de impuestos, por ejemplo) y el momento en que su adopción tiene un efecto real.

Para el momento en que los recortes impositivos empiezan de verdad a tener efecto, el problema que se pretendía resolver con ellos puede haber empeorado (o desaparecido).

La crisis del 2008

Irónicamente, las ideas de Keynes regresaron a escena con fuerza tras la crisis financiera de 2008.

La crisis de las Subprime

Cuando resultó claro que el recorte de los tipos de interés no iba a ser suficiente para impedir que las economías de Estados Unidos y otros países entraran en recesión, los economistas señalaron que los gobiernos debían reducir los impuestos y estimular el gasto.

Y eso es precisamente lo que hicieron, lo que se consideró en todas partes una ruptura seria con la política de los últimos veinticinco años. Contra todos los pronósticos, Keynes estaba de vuelta

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